Su llegada a Gucci en 2015 supuso un antes y un después en la historia casi centenaria de la casa italiana. Una revolución que puso patas arriba el mundo de la moda. Dos años después, su enigmático universo sigue fascinando y marcando tendencia.

Por DUARTE NAVARRO

Crear una colección completa en solo cinco días. Ese fue el monumental reto al que tuvo que enfrentarse Alessandro Michele nada más llegar a Gucci. La salida pactada de Frida Giannini de la compañía fue algo más caótica de lo que se esperaba y Michele no tuvo más remedio que correr como un loco para poder presentar en Milán la colección con la que despertaría en todo el mundo la fiebre por las creaciones de este italiano.

Formado en la Accademia di Costume e di Moda de Roma, sus primeros pasos los dio de la mano de Karl Lagerfeld en Fendi. En 2002, Tom Ford fichó a Michele (y a Giannini) para completar su equipo al frente de Gucci: «Estaba en Fendi y me hacía mucha ilusión trabajar con Tom Ford, así que me trasladé a Londres donde él estaba trabajando en ese momento y cambié toda mi vida. Distinta ciudad, distinta cultura, distinta marca». Ahí empezó una carrera que le acabó encumbrando como uno de los diseñadores más interesantes del momento. Y es que Michele, capaz de enamorarse en diez minutos del hombre de su vida, es todo un personaje. Un hombre particular que admira la belleza por encima de todo.


Alessandro Michele: el reinventor de Gucci 1

»Para mí, Gucci era una marca italiana con una apasionante historia y dirigida a la jet-set, pero sentía que aún había algo que escribir»


«Cuando les expliqué a Marco Bizzarri y François-Henri Pinault mi idea de Gucci fue todo muy loco. Marco vino a mi apartamento y al verlo entendió que yo era un tipo algo raro. Estuvimos charlando cuatro horas y tuvimos una conversación genial. Entonces quiso que conociera a François y fue como un bonito examen. Me preguntaron: ‘¿Crees que es posible preparar un desfile en solo cinco días?’. Y les dije: ‘Sí’. E hicimos el show en cinco días». ¿El resultado? Excepcional.

Michele planteaba una revolución, tanto para la casa en sí como para la moda. Destrozaba el menos es más y daba paso a un estilo propio, un lenguaje particular, donde el barroquismo, la miscelánea de conceptos y el más es más emergían con fuerza. «No me siento un revolucionario, solo me siento yo mismo. Si la revolución es la belleza, soy un revolucionario», aseguraba a Antidote.

Y de la noche a la mañana, su particular versión de la belleza, que tiene más que ver con una película de Wes Anderson que con el concepto sexy que había desarrollado su predecesora en Gucci, se impuso. Su puesta al día de los códigos estéticos de la marca, con una moda que elimina barreras de género, que mira a veces a la infancia para buscar inspiración y donde el horror vacui campa a sus anchas, rescata además elementos de la época dorada del Gucci de los 60 y 70, que Michele quiere reivindicar.

Y eso ha tenido su repercusión. A nivel mediático (con campañas en redes sociales, un manejo impecable de Instagram o un cambio de embajadores –la cantante Florence Welch y Jared Leto–) y también en las cifras de negocio: en 2016, las ventas on-line crecieron un 70% (una de las primeras cosas que hizo Michele fue cambiar la web) y las ventas totales, un 21,6%. «Pensaba en  Gucci como en una preciosa marca italiana, con una apasionante historia y dirigida a la jet set –aseguraba entonces a Vogue–, pero  sentía que aún había algo sin escribir». Y él se ha encargado de hacerlo.


Alessandro Michele y sus amigos

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Gracias a la revolución emprendida por Alessandro Michele, Gucci ha ganado un buen puñado de fans. De izquierda a derecha, con Carlota Casiraghi, Salma Hayek y Dakota Johnsson.


Trasladó la sede de diseño de la compañía a Roma y desde su amplio despacho decorado con pinturas de Rafael dirige una propuesta que pretende ser ante todo optimista y personal: «Para mí, la moda es algo que te hace sentir la vida, que expresa algo de ti: si estás triste o si estás feliz –asegura–. Tengo un montón de trajes, pero son demasiado serios para mí. Por eso siempre quiero añadirles algo loco». Esto explica los originales estampados y colores con los que ornamenta sus trajes. «La moda va de ropas y colores, no es algo serio. Yo no soy serio. Siempre intento pasarlo bien».

Junto con Jonathan Anderson y Denma Gvsalia, está considerado uno de los diseñadores que ha revolucionado la estética del hombre en los últimos años.

Es un enamorado del Renacimiento italiano y su idea de recuperar el pasado está presente en casi todo lo que hace. Pero desde un punto de vista onírico. Como si se tratara de una película. De hecho, se plantea dirigir un largometraje: «Algo del tipo Fellini», confesaba en Antidote. Por lo pronto el pasado abril presentó Soul Scene, la primera película de realidad virtual de la casa florentina inspirada en la precolección otoño 2017 y donde nos ofrecen una fascinante perspectiva desde el centro de una pista de baile.

Pero no solo la presencia de Michele en la moda en un papel tan destacado como la dirección creativa de Gucci ha tenido consecuencias estéticas (y es que son muchas las marcas que se han dejado influir por esas colecciones que mezclan el barroco con los 70). El pasado 23 de febrero Gucci volvía a ser noticia por eliminar su desfile masculino y fusionarlo con el femenino (algo que ya había realizado antes Burberry). Ese día, en una colección con la vista puesta en los millennials y donde cualquier elemento, desde los looks a la invitación o la decoración eran candidatas a ser subidas a Instagram, desfilaron 120 looks en una interminable pasarela en la que el creador romano ponía fin a la división entre hombre y mujer. Sumémosle a esto la adhesión de Gucci a Parks. Liberi e Uguali, una asociación italiana que promueve la inclusión y defensa de la comunidad LGTB, y entenderemos por qué es tan importante esta nueva etapa.

¿Qué vamos a hacer con todo este futuro? Así se titulaba esa colección. Y esa es la pregunta que Gucci parece tratar de responder. En las manos cuajadas de anillos de Alessandro Michele está la respuesta: en aquello que diseña sobre una amplia y contundente mesa de madera en la que se apilan libros y donde él dibuja con el primer lápiz que pilla.

Si cinco días le bastaron para revolucionar una casa con casi cien años de vida y todo el panorama de la moda mundial, es complicado saber qué puede llegar a hacer  Alessandro Michele con ‘todo ese futuro’. El tiempo lo dirá. Pero lo disfrutaremos. Seguro.


El viaje es el principio

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Por suerte para la moda, a Alessandro Michele no le ha pasado lo que a Marco Polo, cuyos coetáneos dudaban de sus viajes. Hoy nadie se atreve a disentir de la estética que Michele marcó al llegar a Gucci. Este verano, el viajero italiano le sirve de inspiración para una colección donde el viaje es protagonista. Eso sí, él mismo reconoce que no hace falta subirse a un avión para viajar. Desde un libro podemos hacerlo. Y de eso también bebe su propuesta, una fusión de estilos, de iconos pop con bordados orientales. Para este otoño (las dos fotos de la derecha), Michele apuesta por una sastrería renovada.