Ha costado. Y mucho. Pero la selección española de baloncesto ya está en octavos de final de los Juegos Olímpicos de Río 2016. El siguiente escollo es Francia (miércoles 17 de agosto, 19.15 horas). Antes del primer cruce, el que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso, el seleccionador español Sergio Scariolo, que ya llevó al combinado nacional a la plata en los Londres 2012, hace balance del asalto español al Olimpo del baloncesto.

Por VÍCTOR GODED

leva media vida viviendo en España, y se siente tan español como italiano. Desde Marbella, donde vive y trabaja, Sergio Scariolo (Brescia, 1961) prepara uno de los retos profesional más importantes de su vida: que la selección española sea campeona olímpica. En la cancha es pasión y entrega; fuera de ella transmite naturalidad, paciencia y sinceridad. Con esas virtudes por bandera, el seleccionador repasa su vida mientras posa con elegancia y tranquilidad para una intensa sesión de fotos.

¿A qué se ha dedicado Sergio Scariolo desde septiembre de 2015, cuando España levantó el Europeo, hasta antes de la concentración de la Selección?

A bastantes cosas. Revisar los partidos del campeonato de Europa, analizar todos los informes estadísticos y técnicos, recoger premios, atender a los medios, dar charlas, impartir clínics en varios sitios de España para contribuir a la formación de los entrenadores, ver encuentros de baloncesto…

¿Qué es lo mejor y lo peor de ser un seleccionador?

En mi caso, lo mejor es trabajar con personas de  una calidad humana y profesional muy alta. Lo peor, obviamente, es tener muy poco tiempo para ajustar y corregir. Hay un margen de error extremadamente reducido que te obliga a que el acierto en el trabajo previo sea muy elevado.

¿Y qué es lo mejor y lo peor de ser un entrenador de club?

Lo más bonito es entrenar todos los días en una cancha. Me encantan los entrenamientos, el juego en sí. Lo más negativo es esa sensación que se produce a veces en que con cada partido parece que empieza o se acaba el mundo.

¿Cuando entrenaba al Khimki en Rusia y al Olimpia de Milano vivía con su familia?

Sí, excepto el primer año en el Khimki. Empecé en diciembre y ya los niños iban al colegio.

¿Afecta anímicamente?

Al inicio me permitió concentrarme exclusivamente en el equipo, pero al primer mes ya les echaba en falta. Y ellos a mí también. El mayor no lo pasó bien. Eran otros años, con los niños más pequeños. Egoístamente, si pudiese elegir, viajaría con la familia a todos los sitios.

¿Cómo contactaba con ellos?

Telefoneaba un par de veces al día a mi mujer. Siempre es así, incluso cuando estoy en Marbella. Hablo más con ella, pero con mis hijos también lo hago diariamente.

¿Lo más duro que le ha pasado como entrenador de baloncesto?

[Suspira] Un momento duro es cuando termina una competición sin haber conseguido el objetivo. Sobre todo porque no tienes la oportunidad de resarcirte hasta unos meses después.

¿Hay alguno en concreto que recuerde especialmente?

Igual en la última etapa del Baskonia [temporada 2013-2014], ya que aterricé con una perspectiva y me encontré con una realidad diferente. Llegamos a donde teníamos que llegar pero con una sensación de que había sido una temporada extremadamente dura.

¿Podría destacar el mejor recuerdo?

Es complicado. Algunos no tienen ninguna vinculación con un evento público, son íntimos. No puedo hacer un ranking.

El próximo reto son los Juegos Olímpicos de Río 2016. ¿Cuál es el objetivo de España?

En principio ganar una medalla. No podemos escondernos, aunque sabemos que hay un nivel de competencia brutal. Está claro que la Selección española tiene que salir para ganar una medalla. Cualquiera sería un gran éxito.

¿Es difícil gestionar la presión por parte de la opinión pública y los medios de comunicación para que regresen con un metal?

[Suspira] Si quieres destacar en tu campo no puedes apuntar a cosas fáciles. Esto es aplicable a cualquier sector de la vida. Es un reto complicado, pero llevamos preparándonos toda la vida para ello. Así que no lo quiero presentar como una operación a corazón abierto o formar un Gobierno.

¿Cómo valora cada selección del grupo?

Argentina y Brasil tienen mucha calidad, competitividad y jugamos en Sudamérica, que es su terreno. Lituania es un equipo lleno de talento, que alcanzaron la final en el último Europeo y van a recuperar jugadores. Siempre son competitivos, está en su gen. Al igual que Croacia. Nigeria va a ser un equipo más complejo de lo que pueda parecer porque tiene jugadores NBA y con un alto nivel atlético.

¿Es Estados Unidos batible?

La respuesta del cerebro es no. Ni creo que nadie piense que así sea. La respuesta del corazón es que decir en el deporte que algo es imposible va en contra de su naturaleza. Tendrían que hacerlo muy mal ellos y muy bien quien les gane. En Londres nosotros rozamos la perfección. Siempre tienes un punto de ilusión para poder repetir o incluso mejorar esa prestación. Siendo realistas y con honestidad, tienen que hacerlo muy mal ellos.

Sin alejarnos de los estadounidenses como rivales, ¿es partidario de que vayan los mejores?

[Risas] No puedes pensar en rebajar el obstáculo. Es estimulante competir contra los mejores del mundo, y en algunos casos de la historia del baloncesto. Lo prefiero aunque suponga que la probabilidad de victoria sea mínima.

Varios deportistas han mostrado su miedo al virus del Zika de cara a los Juegos Olímpicos. ¿Se ha exagerado todo un poco?

No tengo los conocimientos científicos como para poder contestar. Gracias a Pau Gasol y la sensibilización generada se han conocido cuáles son los riesgos, los peligros y las posibles consecuencias. Tengo que creer en las autoridades sanitarias, que actúan con la máxima responsabilidad y en ningún momento se han planteado un aplazamiento de los Juegos.

¿Van a ir a la Villa Olímpica? Lo digo porque
en Londres 2012 hubo una polémica por la multa que les impusieron por los destrozos de las instalaciones.

No me consta. Fue una noticia no confirmada.

¿Está entre sus planes dirigir a la selección italiana?

Creo que hablar hipotéticamente es difícil. Y más en este trabajo, donde aún ni siquiera sé dónde estaré en septiembre. Ahora mismo la selección italiana está en grandes manos.

¿Cómo desconecta de su trabajo?

Practico deporte cuando puedo, estoy con mi familia, el cine, la lectura de los ensayos, mi fundación, que me ocupa bastante tiempo… Me faltan horas para hacer todo lo que me gustaría hacer.

¿Cómo era de pequeño?

Muy travieso e inquieto. Me expulsaron del colegio varias veces. No conseguía concentrarme en clase, me gustaba más hablar y perderme en otras cosas. Espero que mi actitud en clase no la copien mis hijos.

¿Tenía dotes de liderazgo por aquella época?

Me ha gustado siempre ayudar. Tengo un concepto -casi de culto- de la amistad. Desde muy pequeño organizaba los planes de los amigos. No sé si era una vocación precoz al liderazgo.

Llama la atención que no jugó en ningún equipo profesional como jugador. 

Jugué de base una temporada en el equipo de mi ciudad, el Brescia. Me lesioné en un tobillo, pero hay que reconocer que no truncó ninguna carrera espectacular.

¿Cuándo se dio cuenta de que su camino no era botar el balón sino que lo boten otros?

Precisamente con la lesión de un tendón de Aquiles. Me gustaba la dirección y la parte estratégica, empecé a hacer cursillos de entrenador y de ahí a entrenar a un grupo de niños.

Su hijo juega en Unicaja. ¿Teme que se le pueda mirar de otra manera por ser hijo de quien es?

Se le mira de otra manera. Ahora mismo es un niño que no marca grandes diferencias con los mejores de España de su edad, pero con perspectivas de crecimiento. Él lo llevaba bastante bien, se ha acostumbrado a la situación. Lo pasó mal en su momento.

¿Y su hija va para el baloncesto?

Ella juega al tenis. Tiene una personalidad diferente al niño. Disfruta con lo que hace. Lo importante es que se diviertan y que hagan deporte, que ayuda a formarse como persona.

Su mujer, Blanca Ares, ha sido de las mejores jugadoras de baloncesto de España. ¿Habla mucho con ella sobre este deporte?

Cada vez menos. Antes muchísimo, pero gradualmente hay problemas familiares que van adquiriendo más peso, como los hijos o la casa. A veces el baloncesto es un convidado de piedra en el hogar. Ni a mí me gusta llevar el trabajo a casa ni a ella le atrae hablar del mismo deporte.

Usted destaca por su estilo. ¿Cómo le gusta vestir?

Mi forma de vestir ideal sería unos vaqueros, una camisa, una americana y zapatillas de deporte. Este es mi estándar desde muy pequeño. Pero claro, eso no siempre es posible [risas].

¿Practica deporte? 

A diario, pero no tanto como me gustaría. Juego al golf, al padel y hago ejercicios para las partes del cuerpo que tengo más fastidiadas.

¿Controla la dieta?

Habitualmente como sano. Mi única debilidad son los dulces.

Para acabar, háblenos sobre su Fundación en Málaga que creó tras la muerte de su padre, Cesare Scariolo, por leucemia.

La estructura es muy ágil, tenemos voluntarios que colaboran. Queremos que haya una transparencia total y una línea directa entre los ingresos y las acciones que llevamos a cabo.


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Siete años de éxitos

Sergio Scariolo llegó al equipo español en 2009. Ganó dos campeonatos de Europa y una plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Tras ese éxito dejó la selección para volver a ser seleccionador de club, pero volvió en 2015 para ganar su tercer campeonato de Europa convertirse en el seleccionador español más laureado de la historia. Los de Río, donde dice que España debe aspirar a medalla, son sus segundos juegos al frente del combinado español.