Nick Woodman rompió con todo y se fue a Australia para surfear. Entre olas comprobó que era imposible hacerse un selfie mientras disfrutaba de su pasión. Con una máquina de coser y un taladro creó GoPro, un invento que ha viajado al espacio y se sube al escenario con sus ‘Satánicas Majestades’.

POR VÍCTOR GODED

Todo está preparado para el ajetreo. Sobre el cielo azul, que hace las veces de zona VIP, el sol dibuja su sonrisa más plena. Abajo, al nivel del mar, unas enormes olas se mecen rítmica y acompasadamente como siguiendo las órdenes de un director de orquesta invisible. Nick Woodman se ajusta su neopreno y se apoya sobre su tabla de surf oteando el horizonte antes de saltar en escena. Solo falta que alguien grite ‘acción’ para asaltar el oleaje. La escena se antoja épica. Y ahí radica el problema: no hay forma de perpetuar la hazaña, ninguna cámara para autorretratarse en ese legendario momento. Fotografiarlo en primera persona no es viable salvo que quiera terminar arrastrado por el oleaje y golpeado por la tabla. Y anudar a la muñeca la correa de la cámara tampoco parece la mejor opción. Así que el joven deportista se queda sin el documento gráfico en su día más grande.

Esa perfecta jornada de surf, frustada por la imposiblidad de tener una imagen decente de la aventura, le dejó a Woodman un sabor tan agridulce que se juró a sí mismo que nunca más le volvería a pasar. Así surgió el concepto que acabó dando vida a las cámaras GoPro.

El inventor 'pro'Woodman, un enamorado del surf y de los deportes de riesgo, tiene su propia avioneta y un jet privado, un Gulfstream III cuyo precio ronda los 37 millones de dólares.

 

Nick Woodman se había tomado cinco meses sabáticos para hacer surf en las costas australianas tras ver cómo se iban al traste, uno tras otro, dos de sus proyectos. El primero, EmpowerAll.com, una start up que vendía productos electrónicos por menos de dos dólares y que no acertó en el blanco. Tampoco dio en la diana su segundo intento, Funbug, una plataforma de juegos de márketing para ganar dinero que pinchó en el desplome de las punto.com.

Hasta entonces, la palabra ‘fracaso’ no se había conjugado jamás en casa de los Woodman, una de las más señeras de la élite financiera estadounidense. El padre, inversor, fue un personaje clave en la compra de Taco Bell por parte de Pepsi. Y por los pasillos de su casa, cerca de Silicon Valley, se mezclaban habitualmente conversaciones sobre inversiones y negocios. Sin embargo, Nick cerró temporalmente las puertas a su destino cuando ingresó en la Universidad. Con el pretexto de licenciarse en Artes Visuales, se inscribió en el campus de San Diego por una sincera razón: estaba pegado a la playa. Y playa, para él, es sinónimo de surf.

Coser y taladrar

El proyecto GoPro era, por lo tanto, ideal para combinar la devoción familiar por los negocios y la suya propia por los deportes de aventura. Tras su estancia en Australia, en la que fraguó el proyecto en su cabeza, y antes de regresar a Estados Unidos, Woodman hizo escala en Bali para lograr su ‘subvención’ particular: compró a un artesano local decenas de collares de conchas por dos dólares y, una vez en California, los vendió 30 veces más caros. Con ese dinero y 35.000 dólares que le prestó su madre, Nick se puso manos a la obra. Echó el cerrojo de su habitación y trabajó 18 horas al día de forma obsesiva para desarrollar un prototipo. La ruta creativa se basaba en buscar por internet una cámara que pudiera tunear para patentar su idea. Contactó con Hotax, una compañía china que le contestó enviando sus modelos 3D de sus productos vectorizados. «Tenía tanto miedo de volver a fallar que me comprometí conmigo mismo a tener éxito», asegura.

Con un taladro y una máquina de coser familiar como prolongaciones de sus brazos, Woodman terminó de esculpir la primera cámara portátil. Bajo la premisa del ‘yo me lo guiso, yo me lo como’, agarró su furgoneta Volkswagen y se plantó en todas las tiendas de California especializadas en fotografía. Nick Woodman sabía quién era, dónde iba y cuánto podría durar la odisea. Se fijó un plazo de cuatro años como límite para que la innovación obtuviera frutos. Si no, saldría de nuevo a la superficie para atarse la corbata. «Pensaba ‘si soy capaz de  hacer unos cuantos cientos de miles de dólares al año con este invento, estaré en el cielo’».

El veinteañero hizo definitivamente cumbre en la feria de San Diego de 2004, vendiendo su primer modelo de GoPro Hero por 30 dólares. A partir de ahí su popularidad subió como la espuma. Y su progenitor le proporcionó una bombona de oxígeno por valor de cien mil euros para que tuviera la llave de su propia empresa. Y esa inyección le dio alas.

«Cuando empecé con el proyecto pensaba: ‘si soy capaz de hacer con esto unos cuantos cientos de dolares al año, estaré en el cielo’»

Su reputación empezó a crecer como la espuma en el mundillo. ¿Quién era el creador, desarrollador, agente de ventas e incluso empaquetador de ese nuevo producto que inmortalizaba como ningún otro la sensación de la adrenalina? A medida que los ceros se hacían hueco en la cuenta corriente fue desengrasando las puertas para incorporar gente de confianza en el entramado. El primer fichaje fue Neil Dana –compañero de piso en la época de la facultad–, cumpliendo una promesa adquirida entre risas y con la cerveza como testigo. Durante su primera temporada en la élite recaudó 350.000 dólares y eso le permitó dar la espalda a los fondos de riesgo. «No quería rendirle cuentas a nadie», asegura.

Convencido de que se hace camino al andar, Woodman se subió a la noria de los nuevos tiempos. Lanzó al mercado las cámaras digitales con funciones de vídeo y, de forma silenciosa, se ha construido todo un imperio de imagen y sonido. El catálogo de la marca ha evolucionado desde las sencillas funciones de apuntar y disparar hasta grabar en HD, incorporar WiFi, tener la capacidad de controlarse de forma remota o su resistencia al agua.


El inventor 'pro' 2¡Mira mamá, sin manos!

Lo que empezó siendo una buena alternativa para tomarse selfies mientras se practicaban deportes extremos, hoy se ha convertido en la perfecta compañera para cualquier aventura. Este año ha salido al mercado la GoPro Hero 5, capaz de reconocer comandos de voz en siete idiomas. Una función muy útil cuando no se puede pulsar el botón de grabar. Además, registra vídeos en formato 4K a 30 frames por segundo y es resistente al agua.


GoPro ha transformado el mundo del ocio extremo: la cuestión ya no es atreverse, sino mostrarlo. Y el casco, aparte de ser una herramienta para proteger la cabeza, también sirve como soporte para que la experiencia sea eterna.

Tal vez Nick Woodman no haya hecho del surf su profesión, pero indirectamente vive plácidamente de la ilusión que le escolta desde que a los ocho años se quedara embobado con el póster que su amigo tenía en la habitación. Él no se queja. Le agrada sentirse útil: «Mi visión es ayudar a los consumidores a construir un ecosistema en el que capturar, compartir, ver y crear contenido en cualquier dispositivo, en cualquier momento y en cualquier lugar de forma fácil y rentable».


EN LA CRESTA DE LA OLA FINANCIERA

1.016 millones de dólares

Ese es el patrimonio que atesora Nick Woodman. En 2014 se convirtió en el directivo mejor pagado de EE.UU., con un salario de 284,5 millones de dólares. 

205 millones para un amigo

El empresario le dio a Neil Dana, su compañero de la universidad y primer empleado de GoPro, un 10% de los beneficios, tal y como le prometió en su día. 

8,88% propiedad de Foxconn

El fabricante de productos electrónicos adquirió una participación valorada en 184 millones de euros. Nick Woodman posee el 36% de las acciones de la firma.


DEL NASDAQ A LA ESTRATOSFERA

Su salida a bolsa fue un éxito

En mayo de 2014 GoPro empezó a cotizar en el NASDAQ, con un precio de 24 dólares por acción. En apenas tres meses la compañía se revalorizó un 145%. 

Una familia generosa

Woodman y su mujer han donado 518 millones de euros a la fundación de Silicon Valley. Es uno de los filántropos más importantes de la industria de la tecnología.

Gopro, en caída libre

Cuando Felix Baumgartner batió el record de caída libre desde la estratosfera llevaba en su traje cinco cámaras GoPro. Los Stones también las usan en sus conciertos.

Pasa de los retrasos aéreos

El CEO compró un jet privado para viajar con sus amigos. También le gusta moverse por mar, para lo que adquirió un yate valorado en 36 millones de dólares.