El mejor regalo de bodas se lo hicieron ellos mismos. Don y Mera Rubell se dieron el ‘sí, quiero’ en Nueva York.

Era 1964. Él estudiaba medicina y ella trabajaba como profesora. De lo poco que ingresaban al mes, reservaban una pequeña cantidad para comprar obras de autores desconocidos. Hoy, medio siglo después, comparten una de las colecciones de arte contemporáneo más representativa, importante y completa de los Estados Unidos. Y mundial.

La afición les enganchó durante sus paseos por la Gran Manzana. En los escaparates de las galerías veían cuadros, fotografías, pequeñas piezas, y ellos caían fascinados como si fueran niños ante un televisor. Investigaron de forma autodidacta, acudiendo a exposiciones, visitando museos y manteniendo conversaciones con especialistas. Y compraron con tino. Gracias al hermano de Don, cofundador y copropietario de Studio 54, la emblemática discoteca de finales de los 70 y principios de los 80, empezaron a intimar con artistas de la efervescente escena neoyorquina como Keith Haring, Jean-Michel Basquiat o Cindy Sherman.

Su pasión por el arte es contagiosa. Y han conseguido inocularles el virus a sus descendientes. Así, en 1993, junto a sus hijos Jason y Jennifer trasladaron todas sus posesiones de Nueva York a Miami para fundar la Rubell Family Collection and Contemporary Arts Foundation. Allí, en un antiguo almacén de la DEA, la agencia antidroga estadounidense, cohabitan actualmente 6.800 piezas de 831 artistas especializados en todo tipo de disciplinas: escultura, pintura, fotografía, vídeo… Son, en total, 27 galerías levantadas en más de 400.000 metros cuadrados donde tienen su lugar Andy Warhol, Carl Andre, Janine Antoni, Matthew Barney, John Baldessari, Christopher Wool y una enorme nómina de autores.

Pero si hay algo que hace especial a la familia Rubell es su interés por compartir su colección. Han prestado decenas piezas a las exposiciones más importantes de todo el planeta –hace cuatro años la Fundación Banco Santander acogió una selección de 66 de ellas– y organizan muestras temáticas en los principales museos  del planeta, como la Tate Gallery o el Centre Pompidou.

Nunca sabremos cómo ausculta Don ni si Mera sabe explicar una lección. Pero a estas alturas no parece que haga falta.