«No es una red social, sino un catálogo en el que recoger ideas para tu propia vida». Así define a Pinterest su creador, Ben Silbermann, un ‘app’ que hoy vale varios miles de millones de dólares.

POR VÍCTOR GODED

Dicen que la diversión es la principal razón por la que se coleccionan objetos. Por eso resulta normal que Ben Silbermann recuerde su infancia como una etapa tremendamente divertida y feliz, «como un parque de atracciones permanente». Sellos, animales disecados, cómics, monedas, muñecos… No había objeto que pasara inadvertido a los ojos del pequeño Ben, que siempre tenía hueco en su bolsillo para un trofeo más. «Coleccionar dice mucho sobre cómo eres», repite este hijo de oftalmólogos propietarios de una clínica en Des Moines (Iowa), que fueron los que implantaron a su pequeño la visión empresarial y el gusto por la tecnología que hoy lo caracteriza.

Esos dos factores se cruzaron ante él en el verano del 98, cuando Silbermann hizo las maletas rumbo al Instituto Tecnológico de Massachusetts para participar en el Research Science Institute, un programa educativo con brillantes alumnos de todo el mundo. Una especie premio a la excelencia que refrendaba las expectativas depositadas en él por sus amigos y sus padres, que nunca dejaron de fomentar sus capacidades y su amor por la tecnología.

Buscó su sitio en Google

Un año después se graduó en la Roosevelt High School, y en 2003 obtuvo su licenciatura por la Universidad de Yale. La logró en Ciencias Políticas, pero Silbermann siempre miró de reojo a internet, una herramienta que aún navegaba en pañales pero de la que ya se atisbaba todo su potencial.

Después de tres años como consultor en Corporate Executive Board, quiso entrar en el sector cibernético. Aunque fuera por la rendija. Google le contrató como especialista de productos. No era un puesto que le apasionara, pero ya estaba dentro del caballo de Troya. Listo para desembarcar.

Más allá de generar hojas de cálculo y presentar reportes, el gigante le enseñó «a pensar a lo grande y a conocer personas talentosas». Su sueño era trabajar en la división de desarrollo de la compañía, aunque un obstáculo le frenaba en seco: no era ingeniero. Anhelaba inventar, pero en una atmósfera tan creativa como Google lo que forjó fue su carácter emprendedor. Y en  su cabeza se instaló la idea de ‘coleccionar’ los sitios web que más le atraían. Alentado por su novia de entonces decidió arriesgar. Se quitó la corbata y se remangó las mangas de la camisa. Dejó la empresa y, sin mudarse de Silicon Valley, contactó con Paul Sciarra, un antiguo compañero de campus. Juntos fundaron la startup Cold Brew Labs y se centraron en la creación de aplicaciones para iPhone. Su primera apuesta, Tote, fue un auténtico desastre.

Pero si hay una palabra que define a Ben Silbermann es tozudez. Sabía que para su gran proyecto faltaba otro pilar, y viajó hasta Nueva York para convencer a Evan Sharp, al que conoció a través de un amigo en común, para que se uniese a ellos. El ‘sí’ del diseñador de producto de Facebook puso la maquinaria en marcha: «Siempre me han gustado estas historias de empresarios que parece que están en el desierto, sin agua, al borde de la muerte, y sin embargo sobreviven. Pero en mi caso he sido muy afortunado al tener un equipo que es optimista sobre el futuro y que sabe que si se trabaja duro en tiempos difíciles, por lo general hay un bonito final».

 «Mi equipo sabe que si se trabaja duro en tiempos difíciles, por lo general le aguarda un bonito final»

El resultado fue Pinterest, un catálogo de ideas en la red, una plataforma para compartir imágenes (‘pinear’) que permite a los usuarios crear y administrar, en tableros personales temáticos, imágenes de todo tipo. Desde que lanzaran la versión beta, en marzo de 2010, han querido escapar del cliché de red social: «Las redes sociales sirven para comunicarse con los demás. En Pinterest recoges ideas para tu propia vida».

Como suele ocurrir en estos casos, los inicios no fueron fáciles. Nada fáciles. Pero el lado más empecinado de Ben salió otra vez a relucir. Mandó mensajes a sus amigos y conocidos, que apenas se interesaron por la app. Cada nuevo fan era una bocanada de aire. Él lo sabía y por eso los cuidaba como su tesoro: se ponía en contacto directamente con ellos para agradecérselo, enviandoles e-mails o incluso reuniéndose personalmente con ellos. A pesar de los esfuerzos, el primer año apenas alcanzaron los 10.000 usuarios. Tantearon a una compañía editorial para su venta, pero no hubo manera. Ni siquiera llegaron a sentarse en la mesa. Pero él confiaba en su innovación: «Hay una mezcla de alegría y vergüenza cuando miras tu propio producto. Solo ves las cosas que quieres mejorar», asegura al recordarlo.  El chico del pinSilbermann no cree que Pinterest sea una red social como Facebook o Twitter, de ahí que tenga perfiles abiertos en las páginas de sus competidores.  

 

Todo cambió cuando un famoso bloguero escribió sobre el producto, y el lanzamiento de la app para iPhone fue el trampolín definitivo. Pinterest entró en la élite tecnológica sin llamar a la puerta. Que la revista Time la incluyera en su artículo Los 50 mejores sitios web de 2011 fue solo el prólogo. El resto de capítulos se escribieron con varios millones de seguidores, premios de todo el sector, un equipo con más de 500 empleados, oficinas en tres continentes, una aplicación traducida a más de 30 idiomas…

Para el próximo lustro, Silbermann tiene en mente dos objetivos: que los consumidores visiten la web «para tener ideas en su vida diaria» y «que se puedan vender los máximos ‘pins’ –las imágenes o vídeos– posibles». Él está orgulloso de Pinterest y disfruta de su trabajo en su oficina de San Francisco, a la que llega a las siete de la mañana y en la que trabaja hasta el anochecer. Sus empleados lo definen como un hombre de buenos modales, educado y sincero. Otra de esas cosas que, a buen seguro, también le inculcó su madre, quien se conecta a diario a Pinterest y comparte sus ideas con el millón largo de seguidores que tiene.


EN BUSCA DEL HOMBRE

Las cosas marchan bien en las oficinas de Pinterest. A finales de agosto adquirieron Instapaper, un servicio que guarda páginas web para leerlas después. Aunque la aplicación sigue funcionando de forma independiente, su equipo de desarrollo se ha integrado en Pinterest. El porqué de la compra es sencillo: Silbermann quiere captar público masculino y, a diferencia de Pinterest, la mayoría de los usuarios de Instapaper son hombres.

El chico del pin 2


UN ÁLBUM DE IDEAS QUE NO DEJA DE CRECER

Dos de cada diez usuarios son hombres… ¡por ahora!

El pasado mes de octubre, Pinterest alcanzó los 150 millones de usuarios activos, de los cuales ocho de cada diez son mujeres. El 70 por ciento de sus usuarios entran en ella para aportar contenidos, el resto mira. El tiempo medio de permanencia en la app es de 98 minutos.

¿Objetivo número uno? La internacionalización

La sede central está en San Francisco, pero tiene oficinas en Nueva York, Chicago, Atlanta, Los Ángeles, Londres, París, Berlín, Tokio y São Paulo. Más de la mitad de los usuarios son de fuera de Estados Unidos. El mercado internacional es «alta prioridad», según el CEO.

Silbermann, sin prisa por cotizar en bolsa

El objetivo de Silbermann es que Pinterest sea «autosuficiente», por lo que parece que no tiene prisa en salir a la bosa. «El producto es todavía muy muy joven. No sé cómo estaremos dentro de cinco años. Ese es un plazo muy largo en el negocio de la tecnología», asegura. 

Un hueco en el mercado español que crece y crece

Trece de cada cien internautas españoles usaron Pinterest en 2015, el doble que en 2014. La cifra se acerca al 27% de Instagram o LinkedIn, pero está lejos del 81% de Facebook. Tiene 500.000 usuarios con una edad media de entre 31 y 45 años.


UNA APP DE ÉXITO SIN SALIR A BOLSA

Dos socios y un abandono 

Ben Silbermann y Evan Sharp están en la lista de los 20 menores de 40 años más ricos del mundo. El otro fundador, Paul Sciarra, dejó Pinterest en 2012.

1.570 millones de dólares es, según Forbes, la fortuna que atesora Ben Silbermann.

Inversores de primera 

La compañía cuenta con inversores como FirstMark Capital, Jack Abraham, Michael Birch, Scott Belsky, Shana Fisher, Ron Conway o Kevin Hartz.

550 millones de dólares de inversión en 2015. Hace cuatro años recibió un fuerte impulso de Rakuten.

Comprar antes de salir

En junio de 2015 incorporaron el esperado botón de compra para que los usuarios adquieran cualquier artículo sin salir de la aplicación.

11.000 millones de dólares es el valor actual Pinterest. Intentaron venderla a una editorial a los pocos meses de su fundación.